Agus Morales, uno de los reporteros más brillantes de nuestro país, inició su carrera como corresponsal gracias a la beca de periodismo de ”la Caixa” y la Agencia EFE, que le permitió trabajar durante un año en la India con esta agencia de noticias. Muchos kilómetros y muchos reportajes después, Agus es hoy en día director de 5W, una revista de “crónicas de larga distancia” donde brilla un periodismo hecho con rigor y, sobre todo, un inmenso amor por contar historias. Con su estremecedor reportaje “Los muertos que me habitan”, publicado en 5W junto con el fotógrafo Edu Ponces dentro del proyecto The Backway de RUIDO Photo, acaba de ganar el Premio Ortega y Gasset de Periodismo 2019.

¿Cuándo nació tu vocación de reportero? ¿Siempre quisiste dedicarte a contar historias?
Ya a los ocho años tenía claro que me quería dedicar a escribir, aunque por aquel entonces no podía distinguir entre realidad y ficción. La pasión por el periodismo y la literatura siempre me habían acompañado y también sentía una pasión por lo extraterritorial. Así que ya desde el primer año de carrera en periodismo tenía muy claro que quería trabajar fuera, cuanto más lejos mejor.

Fuiste becario en la beca de periodismo de ”la Caixa” y la Agencia EFE. ¿En qué medida fue importante esta beca en tu carrera?
Fue muy importante porque estaba acabando la carrera y la beca me permitió estar un año en Barcelona en la sección de política y después un año en la delegación de EFE en la India, donde ya me quedé como corresponsal durante cuatro años. Una agencia es una gran escuela de periodismo, porque al final el periodista de agencia es el que está a pie del cañón, el que da la información de primera mano. Siempre llevaré esa experiencia conmigo.

 

 

En la revista que creaste, 5W, hay un alto componente de denuncia. ¿Crees que el periodismo tiene que ser siempre combativo?
El periodismo es combativo por definición y 5W es una revista de crónica y fotografía internacional que en muchas ocasiones se fija en la vulneración de los derechos humanos. También procuramos fijarnos en noticias que están fuera de nuestro radar europeo y por eso nuestras crónicas provienen de cualquier parte del mundo. Creo que el periodismo internacional tiene dos problemas: la xenofobia y el paternalismo, y son trampas en las que hay que evitar caer. Una revista como la nuestra aspira a denunciar y esta denuncia no es eficaz si no está fundamentada.

Desde el mismo fundamento de la revista reivindicas las 5 “W” clásicas del periodismo (Who, What, When, Where, Why: quién, qué, cuándo, dónde, por qué), que suenan como un retorno a los orígenes de la prensa en plena era de Internet.
Efectivamente es una declaración de principios. Volver a las raíces del periodismo es una de las cosas más revolucionarias que hay. Es evidente que ahora hay nuevos formatos y avances tecnológicos que transforman la profesión, pero la esencia es la misma: contar una buena historia. Había toda una generación de periodistas trabajando en el extranjero que creían que tenía que haber un espacio para una revista de crónica internacional con una propuesta de periodismo narrativo, donde además la fotografía tuviera un papel destacado.

¿Eres consciente de que vais a contracorriente del periodismo actual, demasiadas veces hecho de titulares espectaculares pero sin rigor?
Hay una efervescencia actualmente condicionada por las redes sociales, que nosotros también usamos, evidentemente, pero también hay muchas personas que quieren tocar y oler las cosas, y esto es algo que te da la crónica. No quiero ser pesimista y decir aquello de que ahora nadie lee, porque no es verdad. Simplemente queremos hacer el periodismo en el que creemos.

Es muy difícil llevar a cabo una empresa así y que sea rentable. ¿Cómo lo conseguís?
Nosotros obtenemos más del 70 % de nuestros ingresos a través de las suscripciones y las ventas. Pensamos que tenemos que diversificar nuestras fuentes de financiación, pero también creemos que es muy importante que la principal provenga de las suscripciones porque eso te da independencia y también es una manera de restablecer la confianza entre el lector y el periodista.

Has ganado el Premio Ortega y Gasset de Periodismo con tu reportaje “Los muertos que me habitan”, donde cuentas la historia de un voluntario de la Media Luna Roja de Túnez que se dedica a dar sepultura a los cadáveres que el mar devuelve a la playa. ¿Crees que contar historias desde lo más personal permite que nos hagamos una idea más completa de la situación en su conjunto?
La materia prima del periodismo siempre son las personas y en este caso vi que contar la historia de los náufragos en el Mediterráneo a través de los ojos de Chamseddine podía ser interesante. En un momento en que nadie se preocupa por los vivos, él se fijaba en los muertos. Desde ese patio trasero de la migración a Europa, me parecía que paradójicamente era un buen lugar para hablar de este drama. A menudo, cuando el periodismo habla de las migraciones se acentúa la sensación de amenaza. Pero hay muchos periodistas que se están replanteando la forma de contar las cosas.

¿Cómo planteas tus reportajes?
Los reportajes son siempre una mezcla de planificación y de improvisación. Yo suelo trabajar con determinados contactos para contar las historias que me interesan y a partir de ahí empiezo a armar la historia. Lo que no puede ser es que vayas al lugar con la historia escrita de antemano, porque eso no es periodismo. Las historias se van transformando sobre la marcha y quizás detalles que no te parecían importantes acaban siéndolo. Para mí, fijarme en el detalle es fundamental para lograr construir una narración. Luego utilizo mecanismos de la literatura, pero eso en ningún caso debe suponer que no lo haga con todo el rigor periodístico necesario.

 

Texto: Raúl M. Torres
Fotografía: Anna Pla-Narbona