Si te dicen que algo tan cotidiano como la patata tiene el poder de cambiar nuestras vidas, es posible que pienses que te están engañando. Pero si te cuentan que su desaparición por culpa de un patógeno desencadenó la muerte en el siglo XIX de más de un millón de irlandeses, podrías empezar a creer que, en realidad, hay plantas que han escrito algunos de los capítulos más importantes de la historia de la humanidad. En otras palabras, que son una parte de nosotros mucho más significativa de lo que habías imaginado jamás.

El Dr. Hernán A. Burbano, investigador del Instituto Max Planck  (Alemania), es uno de los científicos que insisten en demostrar esta realidad estudiando el antiguo ADN de las plantas, cosa que le permite trazar la historia evolutiva de las especies. Lleva 12 años entregado a esta disciplina, expuso sus hallazgos en las charlas “Nace la agricultura personalizada” que acogió CosmoCaixa este septiembre y ahora vuelve a regalarnos unas pinceladas de su trabajo.

El objetivo no es otro que revelarnos que la evolución de estos vegetales tiene mucho que decir acerca de cómo se acabó con el hambre en la India, de cómo podemos combatir el cambio climático o de cómo nos alimentaremos en el futuro. Los más osados se atreverían a decir que son el auténtico hilo conductor de nuestra existencia… y no van muy desencaminados.

¿Qué podemos aprender estudiando el antiguo ADN de las plantas?
Así como la historia se puede leer en escritos para conocer el pasado, examinamos el pasado de las especies para conocer los cambios sucedidos durante su evolución. Lo llamo evolución retrospectiva, y nos permite saber qué pasó hace 100, 300 o miles de años. Y, por descontado, también nos sirve para conocer a la humanidad mucho más de lo que creemos. La historia de las plantas es la historia de los humanos. Estudiar la historia de las plantas significa estudiar cómo los primeros agricultores las domesticaron, cómo se movían y cómo comercializaban. En definitiva, cómo vivían.

 

 

¿De qué forma han evolucionado con el paso de los siglos?
Todas las plantas domésticas que consumimos hoy derivan de plantas silvestres muy diferentes, que se han transformado por la selección artificial. Esto quiere decir que cuando, siglos atrás, las personas seleccionaron las plantas con frutos más grandes para cruzarlas entre ellas, provocaron que frutos que comemos ahora, como el tomate, sean mucho más grandes que antes. La selección artificial también trajo, como efecto colateral, la reducción en la diversidad genética.

¿Y ocurre lo mismo con los cambios de latitud que vivieron al trasladarlas de sus lugares de origen?
Exacto, y se puede ver claramente con el maíz. Si comparamos el de México, donde el cambio de estaciones no hace variar demasiado las temperaturas, con el que se cultiva en el hemisferio norte, veremos que este florece más pronto. ¿La razón? Si tarda mucho, llegará el invierno y no podrá florecer. A esto lo llamo “Winter is coming”, como dicen en Juego de Tronos.

¿Cuáles son las plantas que genéticamente te parecen más interesantes?
El maíz, la patata y el tomate, que no se movieron de América hasta la conquista española. Son muy interesantes porque vivieron movimientos continentales muy recientes y hay muchas muestras que documentan esa época.

Después de que un patógeno acabara con la patata en Irlanda en el siglo XIX, murieron más de un millón de irlandeses y se produjo una ola migratoria hacia Estados Unidos. ¿Crees que esto demuestra que la evolución de las plantas ha influido, a lo largo de los siglos, en la historia de la humanidad?
Efectivamente. Y hay otros casos que lo prueban. Un patógeno estuvo al borde de erradicar los cultivos de uva en la Europa del siglo XIX y nuevas variedades de cereales, creadas con técnicas de mejoramiento genético, salvaron a la India de la hambruna en los sesenta. Ahora, es unas de las potencias mundiales con mayor crecimiento económico.

¿En un futuro podríamos vivir un episodio similar al de Irlanda?
Sí. No todo sale en los medios de comunicación, pero, sin ir más lejos, en el 2003 el mismo patógeno casi erradicó la patata en Papúa Nueva Guinea.

¿De qué forma se puede aplicar su campo de estudio en el mundo actual?
El calentamiento global es uno de los principales problemas de nuestros tiempos, y la evolución de las plantas tiene mucho que ver con ello. Un ejemplo: cuando el maíz llegó al sur de Estados Unidos 4.000 años atrás, los agricultores tardaron 2.000 años en adaptarlo al nuevo clima. Pero ahora, que sabemos que no podemos esperar 2.000 años a que las plantas se adapten naturalmente, nuestra opción es crear, con técnicas de mejoramiento genético, nuevas variedades que se puedan cultivar bajo distintos escenarios de cambio climático.

En las charlas de CosmoCaixa se expusieron estrategias para crear nuevas variedades de vegetales más resistentes a enfermedades. ¿La agricultura personalizada podría llegar a cambiar nuestra alimentación?
Por supuesto. La agricultura no necesariamente estará en el campo, sino que estará más presente en invernaderos. Si te preguntara cuál es una de las mayores potencias agrícolas de la Unión Europea, seguramente dirías grandes países como España o Francia, pero uno de los titanes son los Países Bajos, que tiene una agricultura de invernaderos muy eficiente. Así que gran parte de la agricultura del futuro será urbana.

Hay gente que dice que los alimentos transgénicos son malos, ¿qué opinas sobre esto?
¡Es difícil imaginar que se pueda alimentar al mundo sin recurrir a plantas modificadas genéticamente! En Estados Unidos y Canadá hay un consumo gigantesco. Ni tú ni yo comemos directamente plantas transgénicas, pero los animales que comemos sí. Y no hay ningún estudio serio que demuestre efectos negativos para los humanos. Es una cuestión de percepción, pero la culpa también cae sobre los científicos que no hacen una divulgación apropiada.

Si después de esta entrevista alguien te dijera que sigue sin creer que las plantas tienen el poder de cambiar la vida de las personas, ¿qué le dirías?
Le pediría que se detuviera a pensar en la sombra que lo protege en verano, en la comida que se lleva a la boca y en el aire que respira. Le pediría que hiciera un experimento mental en el que imaginara la Tierra sin plantas, y luego se regocijara en el placer de vivir en medio del verde de las plantas, y no entre la aridez y la desolación.

 

Texto: Alba Losada
Ilustración: Núria Just