“Pensar en las generaciones que vienen es un acto de generosidad en el presente que se materializará en el futuro. No podemos seguir acumulando tanto plástico en la Tierra y CO2 en la atmósfera si queremos seguir disfrutando de la naturaleza”, dice Borja Fernández. Borja es investigador en el instituto INAMAT de la Universidad Pública de Navarra y está fabricando plásticos biodegradables a partir de residuos de lana de ovejas y plumajes de pollos. Como lo oyes. Hace más de año y medio que empezó a trabajar en esta investigación, que ha podido seguir desarrollando gracias a la financiación de la Obra Social ”la Caixa” y la Fundación Caja Navarra. Ahora, que está más cerca que nunca de hacerla realidad, comparte con nosotros unas pinceladas de su trabajo y de su forma de ver el mundo.

¿Cómo termina uno fabricando plásticos biodegradables?
Mi objetivo era minimizar el impacto ambiental de los plásticos industriales, que tienen una alta huella de carbono (CO2) vinculada a su elaboración y a su transporte. También quería reducir nuestra dependencia del petróleo. Además, actualmente los residuos de lana y plumajes no se utilizan para nada, por lo que con el método que hemos desarrollado podríamos darles, por fin, una utilidad. Esto ayudaría a los ganaderos, que ahora incluso tienen que pagar para deshacerse de ellos. Si los aprovecháramos, los podrían vender para la fabricación de plástico biodegradable y se crearía un nuevo ciclo económico.

 

 

¿Qué es lo que hace a este proyecto diferente?
¡Hemos encontrado una metodología completamente limpia! Los residuos que producimos son agua, sal y queratina (una familia de proteínas que se encuentra en diferentes extremidades, uñas, pelos y plumas de algunos seres vivos). La queratina es lo que extraemos de las plumas y la lana para fabricar el plástico.

¿Cómo te sentiste al descubrir que esto era posible?
Hasta ahora se estaban investigando cosas muy parecidas pero a partir de productos contaminantes que generaban residuos dañinos. Así que darme cuenta de que podía hacer una extracción mucho más limpia y sencilla fue muy gratificante. Porque no solo los materiales tienen que ser verdes, ¡también el proceso! Por supuesto, también sentí esperanza. Pensé que si llegaba a conseguirlo, el mundo sería un lugar más libre de contaminación. De momento, hemos creado los bioplásticos con técnicas de laboratorio. Ahora tenemos que ver si podemos producirlos a través de técnicas industriales para que lleguen al mercado y, así, a las manos de todos los ciudadanos.

En el supermercado cobran las bolsas de plástico. La Comisión Europea ha propuesto prohibir los plásticos de un solo uso. Últimamente parece que se habla mucho más de este tema. ¿Por qué ahora?
Por un lado, por el cambio climático. Y esta investigación es un modo de luchar, indirectamente, contra él. Por el otro, existe la necesidad de reducir los residuos que hay en los vertederos y en lugares como el mar, porque contaminan el agua, acaban con especies marinas y se transfieren a distintos organismos. Actualmente, en España en torno al 50 % de los plásticos que se consumen no se reciclan (alrededor de un millón de toneladas).

Para que nos hagamos una idea eso equivale a…
Cada año podríamos crear un camino de plástico de un metro por un metro que fuera de Barcelona a Huelva.

¿Tan mal está la cosa?
Hace poco, un amigo me envió un vídeo de una cala de Zumaya (País Vasco). Es un área protegida. Pero, aun así, estaba llena de plásticos muy pequeños… Me pareció muy triste. El impacto de los plásticos meteorizados, o microplásticos, es muy dañino puesto que estos pasan a la cadena trófica. En el caso de que sigamos siendo igual de inconscientes y sigamos tirando plásticos donde no toca, mi esperanza es que al menos si estos son biodegradables, acabarán desapareciendo.

¿Qué podemos hacer desde casa?
Las “tres erres”: reducir, reutilizar y reciclar. Para reducir, empecemos por el supermercado: si vemos productos con un montón de plásticos, tenemos que ser conscientes del daño que hacen y no comprarlos. Luego, debemos entender que una sola bolsa de plástico tiene mucho valor y que tenemos que darle el máximo número de usos posibles. Y, por último, hay que reciclar. Aunque no todo el proceso dependa de nosotros, es lo mínimo que podemos hacer.

¿Y qué pueden hacer las grandes compañías?
Me duele ver que grandes cadenas de comida rápida no tienen contenedores para que los clientes reciclen. ¡Se supone que deberían promover la conciencia, porque tienen los medios! Además, el conjunto de compañías y gobiernos debería apostar por los materiales reciclables, como el papel, y por los bioplásticos. Algunos plásticos biodegradables ya se pueden utilizar, pero son más caros. Así que, para hacerlos más competitivos, se tendría que establecer una tasa de contaminación para los plásticos con una alta huella de carbono.

 

Entrevista: Alba Losada
Fotografía: Laia Sabaté y Javier O. Sanmartín
Ilustración de portada: Óscar Llorens