Nacemos llorando y, si todo va bien, a lo largo de nuestra existencia experimentaremos todo tipo de emociones: alegría, pena, ira, dolor, risa… Saber lidiar con ellas no siempre será fácil y de nuestra capacidad de tratarlas y expresarlas correctamente dependerá gran parte de nuestra felicidad. La exposición “Poéticas de la emoción”, inaugurada el pasado 7 de febrero en CaixaForum Barcelona, propone un interesante diálogo entre obras de muy diferente origen y estilo, buscando, a través de sus diferentes expresiones, puntos de contacto inéditos, a veces sorprendentes y siempre enriquecedores.

Aunque principalmente centrada en el arte contemporáneo, la exposición recorre 700 años de la historia del arte, desde el gótico hasta Joan Miró, pasando por Julio González, Perejaume e incluso el fotoperiodismo de Enric Folgosa.

Hemos podido hablar de emociones y de cómo el arte nos ayuda a entenderlas y encauzarlas con la comisaria de la muestra, Érika Goyarrola.

¿Crees que las emociones son las mismas a lo largo de la historia o van evolucionando según los contextos sociales y culturales?
Las emociones son biológicas, son reacciones físicas frente a determinados estímulos. Nacemos con emociones, pero al mismo tiempo son culturales y requieren un aprendizaje, por lo tanto van cambiando a medida que pasa el tiempo. Un ejemplo claro sería llorar: los motivos por los que lloramos no son los mismos cuando nacemos que cuando tenemos 50 años. En la exposición lo podemos ver en las tablas góticas de Plañideros y en el vídeo The Silent Sea de Bill Viola.

 

 

¿En qué medida crees que el arte puede canalizar emociones que no seríamos capaces de expresar si no existiera? ¿Nos permite entender nuestras emociones y darles salida?
Creo que el arte puede demostrar que las emociones no tienen por qué tener esta connotación negativa que demasiadas veces se les ha otorgado a lo largo de la historia. Muchas veces se han visto como debilidades. Quedaban relegadas a las mujeres, los niños, los ancianos o los bárbaros. Lo que puede hacer el arte es normalizar las emociones y mostrar que su expresión puede ser algo positivo. Sobre la incapacidad de expresar las emociones propias a través del habla tenemos el vídeo I’m Too Sad To Tell You de Bas Jan Ader, que estetiza las emociones y nos plantea la cuestión de la veracidad de la representación.

Durante la visita a la exposición has comentado que Darwin consideraba que los ingleses no podían llorar, como si fuera un signo de debilidad.
Darwin también decía que las emociones eran universales y que, además de su origen biológico, tenían un componente cultural. Pero es verdad que, para él, el hombre precisamente se convertía en adulto cuando era capaz de reprimir sus emociones.

Sin embargo, las emociones son clave para nuestro desarrollo: los insectos apenas han evolucionado porque no sienten miedo. Sorprende que el autor de la teoría de la evolución adoptara una postura así…
Es que en la época victoriana estaba arraigada la idea de que el hombre debía mostrarse impasible, mientras que el arte, aunque no siempre, trata de lo contrario: de que padezcamos y captemos emociones a través de él. El arte permite que percibamos todas esas emociones a menudo reprimidas gracias a la traslación de los sentimientos del artista hacia su cuadro y del cuadro hacia nosotros.

También comentabas que el arte contemporáneo parece haberse alejado de las emociones y que se ha vuelto frío y autorreferencial.
El arte ha cambiado de función a lo largo del tiempo. Y al hacer referencia a sí mismo, hace que hoy en día sea demasiadas veces accesible únicamente para conocedores específicos, un círculo muy cerrado. Muchas obras contemporáneas pueden haberse alejado de la gente porque inciden menos en su capacidad de conmovernos y de apelar a nuestra sensibilidad. Al final, gran parte del arte, desde su nacimiento, ha tratado de vehicular emociones, algo que está muy claro en el caso de la música. Pero, las artes visuales, a partir de principios del siglo XX, al incidir a menudo en un concepto, muchas veces utilizan lenguajes que no son accesibles al gran público.

En cambio, en las redes sociales, en la publicidad o en el cine vemos ahora emociones muy desmedidas y extremas.
Sí, las emociones se utilizan mucho en el marketing, por ejemplo, para incidir en el comportamiento de los consumidores. También están muy presentes en la educación e incluso en la política, pero es curioso que en el arte actual han sido a menudo olvidadas, habiendo sido claves a lo largo de la historia del arte. Esta exposición trata precisamente de rellenar ese hueco.

Además de representar emociones, ¿crees que el arte puede llegar a crear emociones que desconocíamos o no sabíamos cómo encauzar?
Puede ser, y lo vemos en la segunda parte de la exposición, donde la emoción se representa de forma metafórica, a través de la traslación de la emoción al paisaje o la arquitectura. Creo que este conjunto de obras sí tienen la capacidad de transmitirnos esas pulsiones y experiencias diferentes, aunque no sepamos nombrarlas. Igualmente, en la primera parte, vemos esa función que tenía el arte religioso de conmover al fiel, de incidir en su fe por medio de representaciones muy realistas.

¿Crees que el arte puede prescindir por completo de las emociones?
Sí, hay muchas obras que se basan en discursos, conceptos, documentos, etc., más que en buscar la expresión o representación de las emociones. Es importante decir que esto no es necesariamente negativo. Gran parte del arte del siglo XX se aleja intencionadamente de los afectos. Aunque es verdad que la experiencia estética siempre es subjetiva, por lo que puede cambiar la recepción de la obra según el espectador.

Pero el arte nos ha ayudado a legitimar determinadas emociones, hemos aprendido a expresarlas a través de las obras que hemos visto.
Es el caso del arte religioso, que se encargó de humanizar a Dios o a los diferentes santos o mártires. Es decir que, a través de esta dramatización, el arte logró ponerlos a nuestra altura. El arte permite normalizar las emociones que son fundamentales para la supervivencia del ser humano, ya que, entre otras cosas, ayudan a nuestra razón a tomar decisiones. Esto lo vemos claramente en las fotografías de Colita sobre las manifestaciones en Barcelona en la década de 1970 o Maig 1968 de Joan Miró, que ponen de manifiesto que la rebelión nace más de los afectos que de la razón.

 

La exposición “Poéticas de la emoción”, inaugurada el 7 de febrero, permanecerá en CaixaForum Barcelona hasta el 19 de mayo del 2019, antes de ir a Zaragoza en junio y a Sevilla en noviembre.

 

Entrevista: Raúl M. Torres
Fotografía: Rita Puig-Serra