El filósofo valenciano Joan Lluís Vives dijo: “Cuán riqueza es, aun entre los pobres, ser hijo de un buen padre”. Esto fue en el siglo XVI, pero es perfectamente aplicable a nuestros días y a nuestro protagonista, Rafael Santiago Heredia. Padre de dos hijos, Fali y Joaquín, de 19 y 11 años, este valenciano, gitano, de mirada limpia y corazón grande, tiene claro que una buena educación es clave para el futuro de sus hijos. Por eso, no dudó en aprovechar las herramientas que ofrece CaixaProinfancia, a través de la Fundación Secretariado Gitano, cuando estos empezaron a flaquear en los estudios. Para él, nada es comparable con ver a sus hijos progresar y labrarse un futuro. 

¿Qué es capaz de hacer un padre por sus hijos?
Un padre lo hace todo por el bienestar de sus hijos. De hecho, mi vida gira en torno a ellos y marcan mi rutina diaria. Combino mi horario de trabajo con su entrada y salida del colegio, con sus clases de apoyo en la fundación… Todo lo que hago es por ellos. 

¿Cuándo detectaste que tenían dificultades para estudiar?
En el caso de Fali fue al pasar del colegio al instituto, sobre todo a partir de 3º de la ESO. Empezó a sacar malas notas y eso afectaba a su autoestima. De hecho, se planteó dejar de estudiar. 

 

 

Eso debió preocuparte, ¿cómo os afectó a ti y a tu esposa?
Fue una lucha. Para nosotros es muy importante que nuestros hijos estudien, para que puedan tener un buen porvenir. Discutía con él para que siguiera. “Tú tienes que estudiar, tienes que seguir con tu carrera, tú vales mucho, puedes conseguir eso y más”, le decía. La adolescencia es una edad difícil, parece que tenemos la razón absoluta, que nos comemos el mundo…, pero no es así. Por eso quiero que luchen, que se esfuercen, porque los logros no caen del cielo. 

¿Y qué hiciste para ayudarle, además de intentar convencerle?
A esa edad las amistades son muy importantes. Empecé a fijarme en su entorno y le alejé de unos cuantos amigos que iban a clase a pasar el rato. En el instituto, lo cambiamos de la línea de castellano a la de valenciano, donde el ambiente era más adecuado. Al principio le costó un poco más, porque no es su lengua habitual, pero mejoró muchísimo.

De hecho, ellos ya asistían a las clases de refuerzo escolar de CaixaProinfancia, que se llevan a cabo en la Fundación Secretariado Gitano. ¿Qué ha cambiado?
Cuando Fali empezó a flaquear, hablamos con Mari Ángeles, la orientadora educativa, y a partir de ahí intensificaron y personalizaron la atención. Le detectaron un tipo de dislexia. Eso nos pilló por sorpresa, no sabíamos lo que era. Con tiempo y constancia, empezó a mejorar. 

Hemos hablado de Fali, ¿y Joaquín? ¿También tuvo problemas en el cole?
Joaquín es diferente. Es más obstinado. Cuando quiere algo, no para hasta que lo consigue. Sin embargo, las psicólogas de la fundación le detectaron un trastorno de lateralidad cruzada que le causaba algunos problemas, sobre todo de atención y memoria. Empezaron a trabajar con él y está teniendo unos resultados fantásticos. 

Los talleres de CaixaProinfancia también os implicaron a ti y a tu esposa. ¿Qué os enseñaron? ¿Qué fue lo más importante que aprendiste como padre?
Nos lo propusieron para conocer mejor la relación que tenemos con nuestros hijos: si obedecen, si hacen tareas en casa… y nos dieron herramientas para mejorar nuestra comunicación con ellos. Lo más importante que aprendí fue a valorar más aquello que me cuenta mi hijo. Antes estaba estresado y no le prestaba suficiente atención. Ahora paro, dejo lo que estoy haciendo y le escucho. 

Y contasteis en todo momento con el apoyo de la Fundación Secretariado Gitano…
A nosotros nos ayuda en todo, más a mis hijos que a nosotros, pero en todo, al fin y al cabo. Cuando tenemos un problema, siempre podemos acudir a ellos. Del carro tiro yo, pero con su ayuda todo es más fácil. Es importante sentirse apoyado en todo momento. 

De hecho, la evolución ha sido tan positiva que ”la Caixa” os ha dado un reconocimiento a toda la familia, en la categoría de Empoderamiento familiar. ¿Qué te parece que os hayan destacado como ejemplo de superación y progreso?
La verdad es que estoy muy orgulloso de eso. Me siento muy valorado, es una recompensa a todo lo que hemos batallado. Y con la dotación económica, nos iremos de vacaciones todos juntos este verano. 

Si pudieras pedir tres deseos para el futuro de tus hijos, ¿cuáles serían?
Que sean ricos y le compren un Ferrari a su papá (ríen todos). No, en serio: que tengan salud, libertad y felicidad. 

¿Qué les dirías a los padres que están pasando por la misma situación que has pasado tú?
Que luchen por sus hijos, que tiren para adelante, que vale la pena. Quizás costará un poco al principio, pero estoy seguro de que en el futuro se lo agradecerán. 

 

Entrevista: Bárbara Fernández
Fotografía: Laia Sabaté