Jordi Sevilla es economista y, entre el 2004 y el 2007, fue ministro de Administraciones Públicas. Además, es el coordinador y director del informe “Reforzar el bienestar social. Del ingreso mínimo a la renta básica”, publicado recientemente por el Observatorio Social de ”la Caixa”. En este informe, 10 expertos en economía —entre ellos, el propio Jordi Sevilla— analizan la situación social en España y la capacidad de las ayudas que existen en la actualidad para reducir la pobreza y la desigualdad, recogiendo sus propuestas en torno a la renta básica universal.

¿Cuándo te topas por primera vez con el concepto de renta básica y qué es lo que más te llama la atención de esta idea?
A mediados de los años noventa, el filósofo y economista belga Philippe van Parijs sugiere la creación de una renta básica en su libro Libertad real para todos: ¿Qué puede justificar al capitalismo (si hay algo que pueda hacerlo)?, y es entonces cuando empiezo a leer y reflexionar sobre la propuesta y sobre cómo sería posible articularla desde el ámbito de las políticas públicas. Van Parijs plantea que alguien que se muere de hambre no puede ser libre, es decir, que uno no puede tomar decisiones libres si está condicionado por la subsistencia. A mí ese es un concepto que me impacta, porque entiende la libertad como un derecho que hay que asegurar y garantizar, no solo con leyes o con votaciones, sino con medidas de política social.

 

entrevista a Jordi Sevilla sobre el tema de la renta básica

 

El de la renta básica es un concepto que genera mucho debate. ¿Crees que se explica bien cuando se habla sobre él?
Creo que se explica bien, pero se entiende mal, porque contradice algunos principios que todos hemos asumido desde que nacemos, entre ellos el de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. La necesidad del trabajo como forma de ganarse la subsistencia es algo que está muy arraigado en nuestra sociedad, y la primera vez que se plantea que la subsistencia no tiene por qué estar ligada al trabajo choca con esos prejuicios que tenemos todos. Sin embargo, en la sociedad ya hemos ido construyendo muchas situaciones en las que uno vive sin trabajar: los hijos que viven de los padres, las pensiones no contributivas, los subsidios de desempleo. Hemos generado espacios de relación social en los cuales a determinadas personas se les atribuyen rentas que les permiten vivir, no necesariamente a cambio de un trabajo. Cuando eso lo vinculamos a una situación de hijo, jubilado o pobre, lo aceptamos; el que sea un derecho básico no vinculado a una necesidad nos cuesta más.

¿Hablar de renta básica implica hablar de cómo va a ser el trabajo en el futuro?
Sin duda. De hecho, si ha recuperado actualidad el concepto de renta básica es fundamentalmente porque se ha abierto un amplio debate sobre el trabajo del futuro, sobre la robotización del mercado laboral. Es decir, hay personas que van a ver como su trabajo lo van a hacer los ordenadores o los robots y eso plantea el problema de qué hacemos con esa gente. A una parte la formaremos y se dedicará a hacer otras actividades que los robots no puedan hacer, pero no todo el mundo va a poder hacer eso. Por tanto, se plantea la necesidad de darles un instrumento de subsistencia, aunque no trabajen; es decir, de separar el derecho al trabajo del derecho a la vida.

¿Contribuiría la renta básica a una mayor justicia social?
Otra de las fuentes que alimenta hoy el debate en torno a la renta básica es la que la vincula a la lucha contra la pobreza. Una de las cosas que estamos viendo en la sociedad actual es que la pobreza tiene nuevas caras: está apareciendo una pobreza infantil, una pobreza juvenil y, sobre todo, un rostro femenino de la pobreza. Y las herramientas tradicionales del estado de bienestar no son suficientes para combatirla; por tanto, necesitamos herramientas y políticas nuevas para la nueva pobreza.

¿Cuáles diría que son ahora mismo los retos más importantes para, al menos, iniciar el debate en torno a la renta básica?
Primero, que reconozcamos que tenemos problemas nuevos para los que no tenemos herramientas. Si reconocemos que la libertad de elección está vinculada a tus ingresos garantizados, podemos entrar a discutir las soluciones, el qué y el cómo, y después el cuánto. Creo que muchas veces hemos puesto el carro delante de los bueyes, hemos querido abordar los debates partiendo de “¿esto cuánto cuesta?” o “¿esto quién lo paga?”. Discutamos primero cuáles son las mejores soluciones.

¿Qué otras medidas deberían acompañar a la renta básica en la lucha contra la pobreza y la desigualdad?
Hay que recuperar los dos mecanismos que el estado de bienestar puso en marcha para que el crecimiento económico se distribuya entre el conjunto de la sociedad: por una parte, la negociación colectiva en la empresa, que equilibra las relaciones de fuerza entre trabajadores y empresarios; por otra parte, lo que se llamaba el salario social, en forma de sanidad, educación, pensiones y seguros de desempleo. En los últimos años, sobre todo por la crisis —pero no solo—, hemos roto los principios de la negociación colectiva y hemos aplicado políticas de austeridad que han ido recortando la prestación de servicios públicos. Hemos quebrado, en definitiva, los dos canales tradicionales a través de los cuales se distribuía la renta y, por tanto, la recuperación económica —el crecimiento actual— no está llegando al conjunto de la sociedad porque el canal está roto. Recuperar esos canales forma parte de una estrategia más amplia, de la voluntad política, para todos aquellos que pensamos que una sociedad más igualitaria y cohesionada es algo positivo y necesario.

¿Qué papel crees que entidades como ”la Caixa” tienen en propuestas como la de la renta básica?
Su papel es fundamental y el impulso que ha dado a la elaboración de este informe es una prueba evidente. ”la Caixa” y su obra social dedican mucho dinero a acciones sociales, es decir, a complementar (y a veces sustituir) algunas políticas sociales y algunos proyectos de lucha contra la pobreza y la desigualdad. Pero hay un elemento en el que yo inscribo el informe y es que la sociedad civil tiene que ayudar a los políticos a tener un debate racional y sensato sobre los temas importantes, tiene que ayudarles a la hora de señalar los problemas y encontrar soluciones, y también a los ciudadanos para que entiendan de lo que estamos hablando. Esa labor de análisis, de divulgación y de proposición es una labor que entidades como ”la Caixa” están haciendo con enorme rigor, poniendo a trabajar juntas a personas que pensamos muy distinto. En este informe somos 10 autores y no todos pensamos lo mismo. Proponemos cosas distintas, porque el debate es complejo, y contribuir a que los debates complejos no se simplifiquen en eslóganes es algo que entidades como ”la Caixa” están haciendo muy bien.

 

Entrevista: María Arranz
Fotografía: Silvia Varela