Hay personas con un brillo en los ojos que solo presagia buenas noticias. Y Oriol Mitjà es, a todas luces, una de ellas. Médico infectólogo e investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), un centro impulsado por la Fundación Bancaria ”la Caixa”, este barcelonés de 37 años pasó un día de ser un estudiante de medicina con una vida urbanita de lo más normal, a ser un reputadísimo experto afincado en un bosque tropical de Papúa Nueva Guinea, seguro de poder erradicar una enfermedad para siempre, lo que solo ha pasado una vez en la historia, con la viruela.

 

Oriol, ¿cómo de seguro estás de que conseguiréis erradicar el pian?
Ahora mismo, AL 100 %. Tenemos la herramienta, la azitromicina.

Pero en tu último estudio, publicado este mes en la revista The Lancet, concluyes que para erradicar el pian será necesario administrar más de una ronda de tratamiento con ese antibiótico (quizá dos o tres), cuando antes pensabais que con una bastaría.
Gastar dos o tres euros por paciente en vez de un euro es un mal menor, asumible desde la nueva estrategia que hemos elaborado con la OMS. Solo implica repetirlo cada seis meses para frenar cualquier posibilidad de transmisión. El problema sería que aparecieran resistencias al antibiótico. Por eso nuestra investigación actual está centrada en que no aparezcan o en que, si aparecen, las podamos eliminar o mitigar.

Empecemos por el principio: ¿cómo acabas tú en Lihir, la provincia más pobre y rural de Papúa Nueva Guinea?
El último año de especialidad en enfermedades tropicales lo cursé en Londres. Mi escuela tenía relación con los australianos, Guinea recibe ayudas de Australia… y en mayo de 2010 me ofrecieron una sustitución allí para junio y julio. Tenía 30 años, cero ataduras y muchas ganas de viajar y ayudar.

 

 

¿Y por qué te quedas a resolver el pian, un problema tan desconocido y olvidado en Europa?
Hay un refrán de los paracaidistas que vinieron a ayudar en la II Guerra Mundial que dice: “Una vez abiertos los ojos, no hay forma de girar la vista”. Y eso me pasó a mí. Que veía todos los días a un montón de niños con grandes úlceras en las piernas y no me podía volver a Barcelona dejando eso como estaba.

¿Por qué ocurre? ¿Qué lo causa?
El pian es una enfermedad tropical contagiosa, con síntomas similares a la lepra, causada por la Treponema pallidum, una bacteria en forma de espiral que tan pronto toca la piel penetra en los tejidos como un sacacorchos. Al principio solo produce las úlceras, pero si no lo atacas acaba llegando al hueso y deformándolo, provocando cojeras irreversibles. Ocurre en países con niveles muy altos de pobreza y falta de medidas higiénicas y sanitarias.

¿Cómo disteis con la solución?
Ya había una solución que se usaba desde los años 50: inyecciones de cristales de penicilina. Pero eran dolorosas, los niños salían corriendo y la logística era muy complicada. Durante la investigación, vimos que la azitromicina eliminaba la bacteria en el laboratorio y no tenía muchos efectos secundarios. Y en la práctica funcionó superbién; los niños se la pueden tomar fácilmente, en una sola pastilla que cuesta 50 céntimos, más otros 50 para la distribución.

Hemos visto imágenes tuyas ¡aplaudiendo! después de que una niña, Evelyn, se tragara el remedio.
Es por todo lo que has de montar: conseguir llegar en bote hasta la niña, que está en otra isla de Lihir, hacernos sus amigos cuando para ella somos unos extraños, convencer al padre de que es algo bueno, llegar a diagnosticarla a tiempo, convencerla de que se tome eso que para ella es una cosa rara… Cuando llegamos estaba muy triste, llevaba mucho tiempo sin ir a la escuela ni jugar, no quería hablar con nadie porque tenía vergüenza de la úlcera… Cuando ves que al final se toma la pastilla y se cura, tu alegría ya es más un sentimiento íntimo y personal que profesional.

El día a día no debe de ser fácil… ¿Qué ideas o sentimientos te mantienen firme en las horas bajas, con la familia lejos y demás?
Pienso: “Si estos críos son capaces de seguir luchando y no se quejan aun con esa úlcera que les está deformando, yo no me voy a quejar”. Y sigo adelante, porque estoy convencido de que lo que estoy haciendo está bien y merece la pena seguir luchando por ellos.

¿Cómo es un día tuyo normal, en Lihir?
Me ducho, me tomo un café y voy al hospital a trabajar. Visito a los pacientes con enfermedades infecciosas que están más graves, los que mi equipo de Papúa ve como más complicados, y después nos reunimos para ver cómo están las cosas y planificar lo que hay que hacer al día siguiente. Hay días en que tengo que escribir a los medios, o desarrollar un nuevo protocolo, o escribir un artículo científico para divulgación…

Dices que Lihir es como tu segunda casa. ¡Pareces muy integrado!
El entorno es muy bonito —palmeras altísimas, el océano Pacífico enfrente…— y la gente es muy bondadosa y acogedora. No son tan individualistas como nosotros; ellos si tienen algo bueno quieren compartirlo con sus vecinos o familiares. En cuanto se enteraron de que estaba haciendo una campaña que mejoraba la vida de su poblado, ¡vinieron a preguntarme si podían ayudar!

¿Cuál es ahora tu máximo deseo?
Erradicar el pian. Y después, iremos a por otras enfermedades de la pobreza.

 

Entrevista: Ana Portolés
Fotografía: Rita Puig-Serra