Cuando hablas con alguien que muestra la misma soltura en Harvard que en El Hormiguero y explica neurociencia citando a Machado, puedes sospechar que estás ante un genio. Pero cuando descubres que está consiguiendo que miles de personas de todas las edades mejoren su salud cerebral, la sospecha se convierte en convicción: Álvaro Pascual-Leone está haciendo del mundo un lugar mejor a través de su trabajo en el Barcelona Brain Health Initiative (BBHI), un proyecto del Institut Guttmann con el apoyo de la Obra Social ”la Caixa”, y eso lo convierte en un científico que todo el mundo debería conocer, por mucho que a él le sobre el usted y hasta el reconocimiento de sus cargos.

Catedrático de neurología de la escuela médica de Harvard y director científico del BBHI. ¿Algo más?
No, eso es suficientemente largo.

¿Por qué te hiciste neurólogo?
Me fascinaba averiguar por qué los humanos somos como somos, por qué nos enamoramos, por qué nos apasionamos por un trabajo… Ese tipo de cosas. Pensé que lo mejor entonces era estudiar filosofía, pero mis padres me dijeron: “Igual estudiar medicina te sirve también para comer”.

Y te convertiste en científico. Un científico humanista.
Exactamente. Ayudar a la gente me llena de satisfacción.

¿Qué os llevó a crear el BBHI?
Los neurólogos necesitamos un cambio de enfoque. Hasta ahora, hemos desarrollado herramientas para diagnosticar y tratar enfermedades neurológicas, ¡pero nos hemos olvidado de la prevención! La motivación del BBHI es lograr un enfoque basado en la salud, no en la enfermedad. Y descubrir cuáles son los marcadores que caracterizan un cerebro sano.

 

 

Uno de los grandes descubrimientos del proyecto es que tener un propósito de vida es la clave para mantener la salud cerebral.
Sí, y lo importante es que tu propósito trascienda. Que no sea “quiero hacerme rico”, sino “quiero hacerme rico para dárselo a mis hijos” o “para dárselo a los pobres y que haya menos”.

Vale, sin un propósito el cerebro se atrofia. Pero si después de una época en blanco encuentras de nuevo un objetivo vital, ¿el daño cerebral se revierte?
Sabemos que el cerebro es intrínsecamente plástico y que podemos guiar esa plasticidad, así que nunca es tarde. Si, por ejemplo, una persona que acaba de tener nietos se ha “reconectado” a la vida, eso mejorará su funcionamiento cerebral y, en consecuencia, su salud general.

Mens sana in corpore sano.
¡Y al revés! Pero déjame aclarar tres cosas. Una, Machado estaba en lo cierto, “el fin no es la meta, sino el camino”; no hablamos de hacer realidad el propósito, sino de tenerlo. Dos, el propósito vital puede variar, porque la vida cambia y el cerebro también. Y tres, mantener el cerebro sano no es evitar que envejezca, sino hacer que funcione de la mejor forma posible a la edad que tú tengas.

¿Qué cambios ocurren en el cerebro cuando envejece y debemos aceptar?
Las conexiones entre neuronas se hacen más distantes. La parte mala es que te cuesta más recordar cosas concretas, como que esto se llama clip. La buena es que ahora eres capaz de pensar que a ese clip le puedes dar un uso distinto al de la oficina, o que te puede llevar a recordar algo que te pasó una vez con un clip. Es decir, pierdes el aprendizaje “próximo” pero ganas lo que los americanos llaman “ver la big picture”.

Para mantener la salud cerebral, en la web dais una lista de malos hábitos: fumar, dormir poco, pasarse con el azúcar o la sal… ¿Por qué no habláis del alcohol?
Porque hay datos que sugieren que en pequeñas dosis puede ser bueno para el corazón y las coronarias y, por tanto, para el flujo cerebral. Lo queremos estudiar porque aún no está claro.

Pero sí dejáis claro que la rutina es mala.
Para mantener un cerebro plástico, vibrante y sano hay que ponerle nuevos retos. Por ejemplo, para mí leer o hablar con gente no es un reto cerebral. Para mí un reto es… aprender a bailar tango. Eso me activa el cerebro.

También aconsejáis cultivar las relaciones interpersonales. ¿Sirven las redes sociales?
Sí. Gracias al trabajo de mucha gente como Barabási hemos aprendido que causan un impacto real en el cerebro. Además, este estará más sano si nos rodeamos de gente que está sana, con gente optimista nos volvemos más optimistas… Pero eso en España ya lo sabíamos: “Dime con quién andas, y te diré quién eres”.

¿Y podemos saber si nuestro cerebro está bien, sin necesidad de colocarnos todos esos cables que les ponéis a los voluntarios del BBHI?
Sinceramente, creo que no. La gente te puede decir “Te veo bien”, pero eso es como si tú dices que tu coche está bien porque corre a 120 por la autopista, cuando igual está perdiendo aceite y agua y está a punto de pararse. Hay enfermedades cerebrales discapacitantes que empiezan a desarrollarse 15 años antes de tener síntomas. Por eso hay que mirar “debajo del capó”, para ver cómo lo está haciendo tu cerebro para permitirse funcionar así.

Volviendo a los voluntarios. Pedíais 3.000 ¡y han venido 4.500! ¿Aún aceptáis más?
Ha sido una respuesta espectacular. Estas cosas suelen llevar seis o siete años, y gracias a la gente ¡hemos podido obtener resultados en año y medio! Pero sí, seguimos aceptando voluntarios, que, por cierto, aprenden un montón de cosas sobre su cerebro que les son muy beneficiosas.

¿Crees que, a partir de vuestros descubrimientos, ya estáis consiguiendo que nuestro cerebro se mantenga sano con la edad?
Sí, eso ya está pasando. Nuestra iniciativa contempla que los estudios se conviertan en intervenciones. Porque, una vez sabes qué hay que hacer para estar sano, el reto es hacerlo. Repetirlo individuo por individuo. Y aunque no podemos tener un entrenador de salud cerebral por persona, que sería lo ideal, sí podemos llegar a todos usando tecnología guiada por el conocimiento de un equipo de profesionales. Eso sí es factible y es ahora nuestra meta.

 

 

Entrevista: Ana Portolés
Ilustración:
 David de las Heras