Se estima que en España más de un millón de personas padecen alzhéimer y otras demencias. Se trata de una enfermedad que supone un elevado coste económico (24.000 euros por persona al año), personal, social y psicológico para el paciente y su familia. Además, han sido un colectivo muy afectado por las consecuencias de la pandemia: el confinamiento ha roto sus rutinas y ha generado mucho estrés, lo cual se ha traducido en un mayor riesgo de contagio. Sin embargo, es una enfermedad a la que intentan ganarle el pulso investigadores como Juan Domingo Gispert. Lidera un equipo en el Barcelona Beta Brain Research (BBRC) que ha desarrollado un algoritmo para identificar de forma no invasiva y económica a personas que tienen riesgo de desarrollar esta dolencia, pero a las que aún no se les ha manifestado. El proyecto, orientado a la prevención, fue seleccionado por CaixaImpulse, el programa de la Fundación ”la Caixa” dirigido a centros de investigación, universidades y hospitales que innovan en el ámbito de las ciencias de la vida y de la salud. Y hoy, Día Mundial del Alzheimer, te acercamos a su trabajo, que permite abrigar esperanza para millones de personas.

Para empezar, ¿qué es el alzhéimer y en qué se diferencia de otros tipos de demencia?
Es una enfermedad neurodegenerativa. Esto quiere decir que las neuronas se van perdiendo. En función del tipo de neuronas que se mueren en el cerebro y en qué parte, se determinan los diferentes tipos de demencia. En el caso del alzhéimer, cursa con pérdida de memoria y, progresivamente, con discapacidades funcionales.

No se puede curar, pero ¿se puede prevenir?
Es importante adoptar un estilo de vida que minimice el riesgo, con ejercicio físico, una dieta equilibrada y una actividad intelectual rica y estimulante. La polución es un claro factor de riesgo. Nuestro objetivo es precisamente intervenir en el curso de la enfermedad para cambiar su desarrollo, a ser posible en fases preclínicas. Eso nos va a permitir reducir la probabilidad de desarrollarla. 

 

El investigador Juan Domingo Gispert del BBRC

 

¿Cómo?
De una forma similar a la que somos capaces de prevenir las enfermedades cardiovasculares: llegamos a una edad, vamos a nuestro médico de cabecera, nos hacemos un análisis de sangre y vemos que ha subido el colesterol. No quiere decir que estemos enfermos, pero sí es un riesgo más elevado de tener una patología cardiaca en un futuro. Tenemos fármacos, estilos de vida, una dieta, que son capaces de bajar el nivel de colesterol y, por tanto, el riesgo de un accidente cardiovascular. La idea es la misma: tener esos biomarcadores que nos permitan determinar el riesgo de padecer alzhéimer antes de que aparezcan los síntomas.

¿Con cuánta antelación?
Las primeras alteraciones en el cerebro aparecen hasta veinte años antes que los síntomas y se pueden detectar. Son cúmulos de proteínas llamadas beta-amiloide y tau. El problema es que su detección requiere técnicas muy invasivas o muy caras. Nosotros hemos desarrollado una basada en imágenes de resonancia magnética cerebral, que es no invasiva, y sí más disponible y económica, para que nos permita predecir qué personas presentan una mayor probabilidad de tener cambios patológicos en esas proteínas.

¿Y cómo funciona esta tecnología?
Es capaz de ver cambios en el volumen cerebral en regiones específicas. No son visibles al ojo humano, pero utilizando técnicas de cuantificación sofisticadas y algoritmos de inteligencia artificial podemos predecir qué personas tienen más riesgo. Somos capaces de reducir hasta en un 45 % el coste para reclutar personas para prevención y en casi 2/3 partes el número de esas pruebas más invasivas y, por tanto, mejorar el confort de los participantes. 

¿Es un proyecto, pues, orientado a los ensayos clínicos?
Sí, a identificar a esas personas para probar intervenciones dirigidas a prevenir el riesgo de aparición de la enfermedad.

¿Qué ha significado el apoyo de CaixaImpulse?
Ha sido fundamental. Ya no únicamente por el apoyo económico para el desarrollo en etapas muy iniciales, sino por toda la formación que va asociada al proyecto para hacer aterrizar en el mundo real algo que está en el laboratorio, y que funciona. 

El aumento de casos está relacionado con la mayor esperanza de vida, pero si no se hubiera dado este fenómeno, ¿habría menos o más casos que hace cuarenta años?
Estamos empezando a ver cómo esa incidencia va bajando ligeramente y pensamos que puede deberse a la adopción progresiva de estilos de vida más saludables, por ejemplo, para evitar enfermedades cardiovasculares. Eso hace pensar que en un futuro habrá menos casos de alzhéimer. Tenemos que pensar que casi un tercio se podría incluso prevenir con un estilo de vida más saludable. 

¿Cómo podemos mejorar la calidad de vida de las personas que ya padecen esta enfermedad?
Tienen días mejores y días peores. Se mejora la calidad de vida con cuidados adecuados y tratando los síntomas a medida que van apareciendo.

¿Y de las que cuidan?
Es una enfermedad muy dura porque tienen a un ser querido que va perdiendo progresivamente capacidades. Llega un momento que puede perder la capacidad de reconocerles. La enfermedad se va llevando muchas de las señas de identidad de la persona, pero incluso en etapas muy avanzadas y en las que igual ya ni sabe nombrar a sus familiares, reconoce si está rodeada de gente que la quiere. Eso da calidad de vida.

Se estima que en España hay casi un millón de personas con alzhéimer. ¿Es suficiente la oferta terapéutica existente, pública y privada, para minimizar su impacto?
Haría falta aumentar los centros de día, dar apoyo a las familias para que los enfermos estén atendidos por profesionales durante unas horas, y que los cuidadores tengan un respiro que les es muy necesario, tanto desde el punto de vista logístico como emocional. 

¿Prevés logros en un futuro próximo?
Soy optimista. Creo que en el plazo de pocos años tendremos noticias de avances significativos en diagnóstico y tratamiento. Hay un gran nivel de desarrollo en técnicas para detectar la enfermedad de forma cada vez más precoz. Esto va a revolucionar las formas para tratarla desde las etapas más iniciales. 

 

Textos: María Sánchez-Campa
Fotografía: Carla Step