Cuando los científicos de la Barcelona Brain Health Initiative (BBHI) comenzaron, hace dos años, a estudiar los hábitos beneficiosos para mantener la salud del cerebro, no se imaginaban que, además, se les abriría una oportunidad para descubrir cómo este reacciona en un contexto de confinamiento. Hablamos con David Bartrés-Faz, profesor de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Barcelona e investigador principal del BBHI, impulsado por el Institut Guttmann con el apoyo de la Fundación ”la Caixa”. El objetivo ahora es claro: descubrir qué hábitos promueven estados mentales positivos durante la clausura y elaborar, en un futuro, una guía de buenas prácticas.

Así que habéis aprovechado estas circunstancias excepcionales para estudiar los efectos del confinamiento en la salud mental y del cerebro. ¿Qué información esperáis obtener?
Cuando se decretó el estado de alarma, vimos que se abría una oportunidad para documentar qué hacían los participantes del BBHI durante este período de sus vidas. Elaboramos un cuestionario, que les enviamos aproximadamente cada 10 días, con preguntas relacionadas con su situación laboral, económica o familiar, y sobre cómo manejan el confinamiento. Esto nos permitirá conocer las características de los que resisten mejor los problemas derivados del confinamiento, como la ansiedad, el estrés o la irritabilidad. Gracias a la enorme colaboración y entusiasmo de los voluntarios del BBHI, estamos obteniendo respuestas de entre 2.000 y 2.500 personas cada vez que administramos el cuestionario. Un aspecto único de esta investigación es el hecho de que, además, conocemos cuáles eran los hábitos y características psicológicas (e incluso tenemos datos sobre la estructura y funcionamiento cerebrales) de muchos de los participantes durante los dos años anteriores al confinamiento. Todo esto nos ayudará a entender mejor qué combinación de aspectos psicológicos y biológicos predicen una mejor respuesta, en términos resiliencia mental y cerebral, al estado de confinamiento.

 

David Bartrés-Faz habla de cómo mantener la salud mental durante el confinamiento

 

¿Se puede decir que el confinamiento es malo para el cerebro?
Gracias a estudios realizados en períodos de confinamiento anteriores, como durante la epidemia del SARS-Cov-1 en el 2003, sabemos que, en general, provoca estados mentales negativos: ansiedad, depresión, irritabilidad e incluso estrés postraumático o depresión. Pero cada persona es distinta.

También agrava la sensación de soledad. ¿Es esta siempre una fuente de estrés o también puede serlo de placer?
Una cosa es querer estar solo, que puede ser positivo, y de hecho hay personas que manifiestan la necesidad de encontrar un espacio para sí mismas. Otra cosa es sentirse solo, que es una emoción negativa fuertemente asociada al estrés. Y el estrés es uno de los principales enemigos de la salud cerebral, ya que a largo plazo acaba deteriorando regiones del cerebro vinculadas a la memoria y a la capacidad de tomar decisiones y planificar. Además, en cuanto a la relación con la mortalidad general en la población, se ha comprobado que sentirse solo es tan perjudicial como fumar un paquete de tabaco al día.

¿Según vuestro estudio, cómo están viviendo las personas esa soledad?
Pues, en contra de lo esperado, hemos visto que, por lo menos en las primeras fases del confinamiento, existe una menor sensación de exclusión social que en períodos anteriores del estudio. Esto puede relacionarse con el hecho de que la sociedad en general se ha unido contra un enemigo común, está más conectada que nunca y ha provocado un efecto de reconexión social, aunque no sabemos cómo van a evolucionar los sentimientos de soledad si el confinamiento continúa mucho tiempo.

¿Cómo podemos rebajar esa sensación de soledad y la ansiedad que produce el confinamiento?
Depende de cada caso, pero podemos seguir algunas recomendaciones: una muy importante es evitar la sobreexposición a la información e informarse solo una o dos veces al día y hacerlo consultando fuentes fidedignas. Esto rebaja mucho la ansiedad. También es crucial aprender a manejarse en la incertidumbre, asumir que hay cosas que no podemos controlar y convivir con ello. No es fácil. Seguir una alimentación saludable, hacer ejercicio físico o tener hábitos de sueño adecuados también ayuda. En la actualidad, existen distintos recursos elaborados por organismos oficiales para sobrellevarlo mejor. Por ejemplo, el Colegio de Psicología de Catalunya ha puesto a disposición de la ciudadanía un teléfono de asistencia para ayudar a personas que tienen problemas de ansiedad o malestar psicológico relacionados con el confinamiento, así como una guía de recomendaciones para sobrellevarlo.

Ya que lo mencionas, ¿qué podemos hacer para dormir mejor estos días?
El sueño es el eje principal de la salud cerebral y mental. Dormir mal tiene un impacto directo sobre la capacidad de concentrarse y de tomar decisiones complejas, pero también sobre las emociones y el humor. Pasar de la vigilia al sueño es un proceso en parte automático, asociado a la rutina que llevamos a cabo a la hora de ir a dormir: la luz tenue o el movimiento de los ojos al leer un libro son señales para nuestro cerebro de que hay que dormir. Por eso es importante mantener los horarios, las rutinas y los hábitos de higiene del sueño, como no beber cafeína a determinadas horas.

Hacer ejercicio físico es más complicado con el confinamiento. ¿Es fundamental para nuestro cerebro?
Una de las causas por las que dormimos peor puede ser precisamente porque no estamos suficientemente cansados. La actividad física tiene un papel neuroprotector. Favorece la comunicación y la regeneración de las neuronas y disminuye los factores de riesgo vascular. Y además, mejora el humor y la calidad del sueño.

Pero hay personas que viven en espacios reducidos y no pueden hacerlo. ¿Algún consejo?
El reto es encontrar algo que nos guste y que podamos mantener en el tiempo. La OMS recomienda dos horas y media de ejercicio moderado a la semana. Se ha comprobado científicamente que tanto el ejercicio aeróbico como el anaeróbico mantienen la conectividad de las redes cerebrales. De hecho, hay estudios que dicen que hay una gran diferencia entre realizar algún tipo de ejercicio, aunque sea suave, y no hacer absolutamente nada.

Y de todos estos buenos hábitos, ¿cuál dirías que es mejor antídoto contra la soledad y el estrés?
Lo que hemos visto es que tener un plan vital bien desarrollado atenúa el sentimiento de soledad, aunque estés solo. La actividad física regular, dormir o comer bien no afectan a esta emoción; tener un propósito en la vida, sí. Es el horizonte hacia donde diriges tus esfuerzos. Está basado en algo que vale la pena para ti. Puede ser religioso, ideológico, familiar… Lo importante es que guíe tu conducta.

¿El confinamiento nos puede servir para reflexionar sobre nuestro plan vital?
¡Por supuesto! Una de las cosas que se recomiendan es reescribir nuestras prioridades. Ahora que tenemos tiempo, aprovechémoslo para reflexionar sobre qué es importante en nuestra vida y qué nos hemos olvidado de ir haciendo. También debemos fijarnos en cómo llenamos nuestro tiempo y mantenernos activos. Hay un montón de cosas que se pueden hacer, por ejemplo, gracias a internet.

Entonces, ¿podemos aprovechar el confinamiento para mejorar nuestra salud mental o no estamos hechos para estar encerrados?
Los datos dicen que, en general, el confinamiento promueve aspectos psicológicos negativos. Pero eso no quiere decir que sea malo para todos en términos absolutos. Hay muchas diferencias individuales. De hecho, es lo que pretendemos averiguar con este estudio: saber cuáles son las características de las personas que resistirán mejor esta situación y, basándonos en los datos, elaborar una guía con recomendaciones. Creo que, en este sentido, nos puede aportar mucho.

 

Entrevista: Bárbara Fernández