Cuando su madre regresaba de trabajar después de todo el día en el almacén de cebollas, los tres hermanos pequeños de Ahlem Smaoun ya estaban durmiendo. Desde los 12 añitos, ella se dedicaba a llevarlos a la escuela, recogerlos y hacer de adulta incluso antes de la adolescencia. No le quedaba otra, a su madre, separada, para poder pagar casa y comida a sus cuatro pequeños. Pero Ahlem recuerda, aparte de cuando regresaba mamá, un momento de respiro que la acompañó toda la infancia, un lugar en el que podía distraerse porque había más ojos para cuidar a sus hermanos y, sobre todo, había también alguien para cuidarla a ella, escucharla y ayudarla a estudiar. Ese lugar era la Asociación Xaloc Russafa, de València, una de las entidades colaboradoras de CaixaProinfancia, que a principios de este año 2020 premió la trayectoria de Ahlem en los Reconocimientos CaixaProinfancia de València, en la categoría de Éxito Educativo. Hoy, Día Mundial de la Erradicación de la Pobreza, queremos poner en valor historias como la de Ahlem y la ayuda de entidades como Xaloc que permitieron que, pese a las dificultades, ella consiguiera estudiar un curso de auxiliar de enfermería. 

¿Cómo recuerdas tu infancia?
Fue complicada. A los 12 años, mis padres se separaron y eso para mí fue un cambio repentino y muy grande. Mi madre se tuvo que poner a trabajar, se iba a las cinco de la mañana y a veces regresaba a las diez de la noche de un almacén de cebolla. Cuando ella llegaba, mis hermanos pequeños ya estaban durmiendo. Yo tenía que levantarlos, darles el desayuno, llevarlos al colegio y luego irme yo al instituto. Y, claro, era muy difícil encontrar tiempo para estudiar. 

¿Y nunca tenías un respiro?
Pues en la asociación Xaloc me podía soltar. Allí me animaban a estudiar, pero siempre diciéndome “tú, lo que puedas” o “poco a poco”, sin presionarme. Además, era un sitio donde siempre me escuchaban y donde podía, durante un rato, descansar de tener todos los sentidos puestos en mis hermanos, que también hacían talleres y actividades allí. Por un lado, me permitía estudiar, y por el otro, los viernes hacer talleres más de ocio, cocina, asambleas para conocernos mejor, juegos… Pasaron muchas personas diferentes por la asociación, pero todas me trataron siempre muy bien y me ayudaron mucho. 

 

Caricatura de Ahlem Smaoun

 

¿Y conseguiste avanzar en tus estudios?
Sí, y no he repetido ningún curso. Estudié formación profesional de grado medio de auxiliar de enfermería y ahora me gustaría hacer un grado superior de higiene bucodental y más adelante la carrera de odontología. Estoy trabajando en una residencia de ancianos y, aunque ha sido duro durante la pandemia, no tuvimos ningún contagio ni ninguna muerte por coronavirus. 

Con 19 años se puede decir que ya tienes un máster en cuidados. ¿Crees que ha influido el trabajo de CaixaProinfancia en esa vocación?
Sí, creo que está muy relacionado, de hecho yo quería ser educadora social o educadora infantil, pero luego me di cuenta de que tiraba más para la sanidad, para la ciencia, y me decanté por la enfermería. Eso sí, también he sido voluntaria de la fundación cuando ya me hice más mayor. 

¿Hay que ser valiente para dejarse ayudar?
Mi madre aceptó esa ayuda porque le dieron confianza, de hecho siempre nos han ayudado. Pensó que podría salir bien si nos dejábamos ayudar y así fue. Xaloc era como una segunda familia para nosotros. 

¿Qué te sugiere la palabra superación?
Yo. Mi madre y yo. Es una palabra que me hace pensar en mi madre porque juntas hemos conseguido salir adelante, apoyándonos una a otra. Cuando se separó estaba mal y yo, muy pequeñita, ya la ayudaba y la animaba. Y sin ella tampoco hubiera sido posible para mí salir adelante. Ella llegaba a veces muy cansada del trabajo, con dolores cervicales que no la dejaban dormir. Ella es muy valiente a pesar de tener mil problemas. Y lo ha sacado todo adelante. 

¿Y la palabra solidaridad?
No sabría explicarla, pero me recuerda a Xaloc. Siempre han sido muy solidarios con nosotros. 

Una última para acabar: felicidad
Ahora, el presente, porque nunca antes había podido hacer lo que me apetecía. Prácticamente me quedé sin adolescencia y ahora tengo un trabajo y más tiempo para mí misma. Mi madre acabó consiguiendo un trabajo con menos horas y mis hermanos se han ido haciendo un poco más mayores (16, 13 y 9 actualmente). Ahora soy feliz.

 

Entrevista: Germán Aranda
Ilustración: Marc Pallarès