Quique Bassat es médico pediatra e investigador clínico desde hace 15 años en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y ha centrado toda su carrera en la lucha contra las enfermedades infecciosas infantiles. Si curar es una labor imprescindible, Bassat aboga por un modelo que ponga el acento en la prevención y, por tanto, en la investigación. No siempre es fácil lograr apoyos en una acción con resultados a largo plazo y por eso este médico entusiasta y risueño celebra la implicación de la Obra Social ”la Caixa” en su lucha por la investigación en enfermedades como la malaria o la neumonía. Proyectos como ARIDA o MALTEM intentan ir más allá de los planteamientos más clásicos de cooperación occidentales y abren la vía a una solución sanitaria que integre a las poblaciones locales en esta lucha.

Se estima que la malaria causa en el mundo una muerte cada dos minutos y que la neumonía es responsable de 800.000 fallecimientos anuales, uno cada minuto. Son cifras que marean y a las que, por desgracia, parece que nos hemos acostumbrado. Por tanto, la realidad a la que se enfrentan los profesionales de la salud, así como los organismos de cooperación y los voluntarios, es compleja: se trata de responder al mismo tiempo a necesidades urgentes y a buscar soluciones sostenibles a largo plazo. Hemos hablado con Quique Bassat, uno de los investigadores sobre enfermedades infecciosas más brillantes de su generación, acerca de las acciones más eficaces que se pueden llevar a cabo para acabar con una situación inaceptable.

¿Cómo nació tu vocación?
Desde pequeño tenía claro que quería trabajar en África, y al pensar en qué área me podía especializar para ser útil ahí, la medicina era una de las más evidentes. Ya como estudiante de medicina fui a África y tuve los primeros encuentros con el sector profesional de la salud, y dos meses después de acabar mi residencia me fui a vivir a Mozambique. Cuando entendí que la investigación tenía un impacto mayor que la asistencia decidí que eso era lo que yo quería hacer. Las enfermedades infecciosas infantiles eran las que más muertes prematuras provocaban y las que era más fácil de gestionar, porque existían maneras sencillas de prevenirlas y tratarlas.

¿Crees que hay que poner el acento en los diagnósticos más que en los tratamientos?
Las vacunas son la herramienta de salud pública de mayor utilidad y su impacto en la mortalidad en los últimos 50 años ha sido descomunal. ¡Que haya gente que lo ponga en duda me parece delirante! El problema es que muchos de estos países tienen un presupuesto en salud por persona y por año inferior a 100 dólares, que es lo que valen ya muchas vacunas de nuestro entorno. Por eso existen organizaciones como GAVI que, con la ayuda de la Obra Social “la Caixa”, permiten que los países pobres puedan financiar una medida que podrá salvar muchas vidas. A veces cuesta convencer a los países más pobres de que inviertan el poco dinero que tienen en investigación porque les puede parecer hasta un lujo. Pero es muy fácil entender que todo lo que inviertas en investigación te lo ahorrarás más tarde en asistencia.

 

 

¿Quizás el error sea no pensar a largo plazo?
Sí, el resultado no es inmediato, pero es igualmente importante. Un ejemplo muy claro sería la vacuna de la malaria: se han tardado 40 años y se han gastado millones y millones en crear la primera vacuna contra esta devastadora enfermedad. Es una vacuna imperfecta porque no protege al 100 %, pero podría evitar entre el 30 y el 50 % de los casos de malaria más graves, o sea que habrá valido la pena el esfuerzo y la inversión. La Obra Social ”la Caixa” ha financiado la Alianza Mozambiqueña para la Eliminación de la Malaria (MALTEM) en tres provincias de Mozambique y también está financiando el proyecto ARIDA (Acute Respiratory Infection Diagnosis Aid), muy importante de cara al tratamiento de las neumonías. Pero lo más importante es que la fundación ha entendido que invertir de forma generosa en la innovación puede tener resultados muy positivos a largo plazo. A los financiadores, así como a los gobiernos, les cuesta entender que vale la pena invertir en algo que no da resultados a corto plazo.

Estamos pues en un momento clave en cuanto al tratamiento de la malaria.
Ahora es el momento más importante, porque se va a poner en marcha un proyecto donde se van a vacunar 800.000 niños en Ghana, Kenia y Malaui. Esta iniciativa ha sido promovida por la Organización Mundial de la Salud y financiada a través de una colaboración que incluye fondos provenientes de GAVI, UNITAID y el Fondo Global.

¿Es difícil a veces contar con la colaboración de las farmacéuticas?
Yo soy un gran defensor de las farmacéuticas que apuestan por hacer inversiones en las enfermedades que no importan a nadie. La vacuna de la malaria, por ejemplo, no existiría si la farmacéutica GSK, que es quien la produce, no hubiese apostado por la vacuna RTS,S, aún a sabiendas de que no le iba a reportar grandes ganancias económicas. Está claro que son empresas y por tanto necesitan hacer dinero, pero con la vacuna de la malaria, GSK solo cubrirá gastos de fabricación. La Fundación Bill y Melinda Gates dejó las reglas muy claras desde el principio: os financiamos esta vacuna, pero no la podréis vender por encima de su precio de coste.

Tenemos la impresión de estar en un modelo asistencial. ¿Crees que a largo plazo África logrará llevar las riendas de su sistema de salud?
Quiero recalcar que estamos en el mejor momento de la historia de la humanidad en cuanto a salud, pese a la visión apocalíptica que demasiadas veces tenemos. Por otro lado, lo ideal sería que los países más pobres pudieran solucionar sus problemas desde dentro. Hay un círculo vicioso entre la pobreza y la enfermedad, y herramientas como la cooperación y la investigación son lo que pueden romperlo. Hace 24 años el gobierno de España y el de Mozambique se juntaron para fundar el Centro de Investigación en salud de Manhiça (CISM), el primer centro de investigación de salud del país, como ejemplo paradigmático de cómo realizar investigación biomédica respetuosa y de excelencia para las enfermedades de mayor prevalencia en el país, como por ejemplo la malaria, la neumonía o el VIH/SIDA. Hoy en día, el centro goza de una excelente salud, se ha convertido en un referente de la investigación en África, ya es totalmente independiente y todos los dirigentes del centro son mozambiqueños.

¿Eres optimista respecto a la erradicación de enfermedades infecciosas?
Siempre soy optimista y más si veo las cifras de cómo estábamos y cómo estamos ahora. Pero hay muchos otros problemas que inciden en el tema de la salud, básicamente los conflictos y la pobreza. Son sistemas de salud muy frágiles y todavía muy dependientes de la ayuda externa. Lo fundamental es que no perdamos la voluntad política para que estas enfermedades, en muchos casos “olvidadas”, puedan llegar a ser erradicadas en un futuro próximo.

 

Texto: Raúl M. Torres
Fotografía: Rita Puig-Serra