Freddie Mercury tenía solo siete años cuando fue internado en un colegio de su India natal. Muy poco después, el director escribía a sus padres hablándoles de su gran talento para la música y sugiriéndoles que tomara unas clases particulares que, sin duda, fueron el primer paso en su imparable carrera. Y es que, a veces, los demás descubren en nosotros un don que no somos capaces de ver. Porque somos niños, porque en nuestro entorno eso no parece importante o porque, como a los usuarios del programa Incorpora de ”la Caixa”, la vida nos pone en una mala situación de partida que, por suerte, personas como el profesor, consultor y empresario Yassine Bouallala pueden revertir, con formación, pasión y algo que todo el mundo merece: una oportunidad.

¿Tú de pequeño te querías dedicar a la hostelería?
No. Muy poca gente se plantea la hostelería como vocación. Yo quería ser astrónomo. Pero le he cogido tanto el gusto que, aunque no fuera mi primera opción, lo ha acabado siendo. Ahora, la astronomía es mi hobby, y no cambiaría la hostelería por nada. 

Regentas un hotel de cuatro estrellas en la Costa Brava. ¿En qué se diferencia de los demás?
Tiene campo de golf, unas instalaciones deportivas de primer nivel y, sobre todo, es un proyecto sostenible a largo plazo que cuenta con un equipo comprometido y cohesionado que da lo mejor de sí cada día.

 

El empresario hotelero Yassine

 

Un equipo bastante especial, con estudiantes en prácticas y parados de larga duración que aquí encuentran su oportunidad.
Sí. Porque yo creo que las empresas somos las primeras entidades sociales, las que damos trabajo a más gente y más impacto tenemos en la economía de las personas. Por eso no debemos centrarnos solo en el rendimiento a corto plazo, sino buscar la sostenibilidad. 

¿Y cómo consigues esa sostenibilidad y ese buen rollo entre tus empleados?
Con contratos atractivos y estabilidad laboral. Es decir, invertimos en ampliar servicios para que el hotel sea rentable todo el año, no solo en temporada alta. Así, el personal se siente seguro, puede enfocarse en hacer bien su trabajo y, con un personal más fiel, el hotel mantiene su esencia, lo que fideliza a los clientes que se sienten como en casa con los empleados de siempre. Además, prestigiamos los puestos operativos, como camareros, cocineros o las kellys, borrando esa idea de que son trabajos “mal vistos” y haciéndoles ver a los alumnos la gratificación de servir correctamente a alguien, de que cuando el cliente se vaya se acuerde de tu nombre. 

¿Cuándo empezasteis vuestra colaboración con Incorpora de ”la Caixa” y por qué?
La colaboración entre el hotel TorreMirona y el programa de inserción laboral Incorpora empezó hace cuatro años, por dos razones. La primera, porque necesitábamos personal para diferentes puestos que podían ser cubiertos por los candidatos del programa. Y la segunda, porque queríamos hacerlo ayudando a gente que verdaderamente lo necesitara. Como Lucía, que llegó de su país sin experiencia y ni un solo familiar o amigo cerca que pudiera ayudarla, y tras dos años y medio se ha convertido en la supervisora del restaurante, un puesto de gran responsabilidad. O como Matilda, una señora de más de 50 años sin una sola experiencia laboral positiva en su vida, que solo había conocido el maltrato y la explotación. Cuando acabó el programa de prácticas y le dijimos que se quedaba con nosotros, se echó a llorar de felicidad. Y ahora su aportación es enorme, lo da todo.

Les cambiáis la vida.
Son personas que llegan perdidas y salen seguras. Esta colaboración demuestra que el talento da igual de qué estrato social provenga; con la formación y la confianza necesariaa, cualquier persona puede llegar a donde le apetezca. 

Como profesor adjunto en la Universitat de Girona, eres un gran defensor de las prácticas.
Defiendo que las prácticas deberían empezar en el minuto cero de la formación, porque la capacidad de interiorizar conceptos depende de la aplicación que les veas. Cuantas más aplicaciones veas, más rápido aprendes. Además, todo ese talento sin moldear, sin la mirada viciada de los que llevamos años en el sector, aporta ideas y soluciones brillantes que a ti nunca se te hubieran ocurrido, y te proporciona empleados con ilusión y necesidad de demostrar lo que valen, que van a darte el 100 %.

¿Y por qué hay tantas empresas que son reticentes a ofrecer esta oportunidad?
Porque, si son remuneradas, les requiere un esfuerzo que a corto plazo es menos rentable. Pero la mayoría, cuando les explicas bien el proyecto, se suben al carro. Al final, hay que hacer ver a las empresas que necesitamos un relevo generacional, gente que venga detrás y nos cuestione. Y la Administración también debe hacerles ver que esta apuesta es parte del tejido social y económico del país. 

¿A ti quién te dio tu primera oportunidad?
Jordi, mi profesor de Economía y Empresa, que hoy en día es mi socio. Gran parte de mi filosofía viene de él. Cuando eres inmigrante como yo (de Marruecos) y alguien percibe un talento en ti que tú en ese momento no ves, supone un grandísimo empujón, te ayuda a crecer, y te genera una deuda que yo ahora siento que tengo con los demás. Por suerte, trabajo en un lugar en el que puedo devolver a la sociedad lo que esta, una vez, hizo por mí.

 

Entrevista: Ana Portolés
Fotografía: Carla Step