Todos podemos poner algo de nuestra parte para mejorar nuestro entorno. En el caso de Boa Mistura lo hacen a través de la pintura. Sus creaciones colectivas, con la participación de los vecinos, fomentan la cohesión social en barrios con mucha diversidad cultural y pocos recursos. Buen ejemplo de ello es el mural que recorre de norte a sur el barrio de La Cañada Real en Madrid, realizado en colaboración con el proyecto Intervención Comunitaria Intercultural (ICI) de la Obra Social ”la Caixa” y con la Fundación Secretariado Gitano. “No se trata de ser superhéroes que arreglan la vida a la gente, pero sí de poner todo lo que está en nuestras manos para mejorar, mediante la cultura, la calidad de vida de las personas en los barrios en los que actuamos”.

Javier, Juan, Rubén y los dos Pablos se conocieron, cuando tenían 15 años, pintando grafitis en el barrio madrileño de Alameda de Osuna. Con el tiempo cada uno se graduó en su especialidad (arquitectura, bellas artes, ingeniería de caminos y publicidad), pero siguieron pintando murales juntos hasta que un día decidieron dedicarse, por completo y profesionalmente, a su colectivo de arte urbano a gran escala, Boa Mistura («buena mezcla», en portugués).

Habéis realizado intervenciones en México, la India, Sudáfrica, Brasil, Noruega, Kenia… ¿Qué aprende uno con tantos viajes?
En cada lugar hemos aprendido algo nuevo en investigación artística o en metodología, pero sobre todo nos hemos llevado amigos. Tener amigos en todo el mundo es algo que no se puede comprar con nada. Esas relaciones tan estrechas que se generan colaborando con personas de distintos bagajes y culturas es de lo más gratificante de nuestra profesión. ¿De qué otra manera conoceríamos formas tan distintas de ver la vida si no fuera intercambiando historias y vivencias? La multiculturalidad trae riqueza y color a la vida. Es un valor fundamental para el desarrollo de una sociedad porque te abre la mirada hacia otros puntos de vista.

 

 

Vuestros proyectos suelen ser obras colectivas en las que participa la propia gente del lugar. ¿Por qué buscáis esa colaboración?
Siempre intentamos interactuar con los vecinos invitándoles a participar. Hablar con ellos, escuchar sus historias y diseñar juntos la obra es parte fundamental de nuestro trabajo. Al final, estamos actuando en el espacio público y este no nos pertenece. Por mucho que pintemos una pared con nuestro estilo o nuestra firma, la pared es de todos. Así que la obra tiene que venir dada por los miembros de la comunidad y tener sentido en ese lugar, exclusivamente.

¿En qué tipología de barrios o ciudades trabajáis?
La mayoría de las veces trabajamos en zonas medio olvidadas por las administraciones y la sociedad, lugares impopulares y con pocos recursos. Lo bueno es que en sitios así puedes impactar mucho más porque están mucho más abiertos al cambio. De hecho, uno de los proyectos cumbre de este año fue la intervención artística que hicimos en La Cañada Real de Madrid en colaboración con el proyecto de Intervención Comunitaria Intercultural (ICI) de la Obra Social ”la Caixa” y con la Fundación Secretariado Gitano. Pintamos una obra lineal que recorre de norte a sur los 16 kilómetros del barrio, escribiendo en sus paredes los versos de una canción de Antonio Remache, El alma no tiene color. A día de hoy, La Cañada Real está aún muy estigmatizada, pero esta obra nos permitió romper los prejuicios de toda la gente que vino a pintar o a visitar el barrio una vez terminada la obra y sirvió también para crear vínculos entre vecinos de distintas culturas.

¿El cambio en esos barrios donde actuáis es visible?
Nosotros, al final, pintamos la obra y nos vamos. Es cierto que luego seguimos en contacto con la gente a través del correo o de las redes sociales y vamos viendo cómo evoluciona o se va manteniendo lo que hemos pintado. Pero lo importante es que, en el poco tiempo que estamos en el lugar, ya apreciamos un cambio: vemos cómo empieza a interactuar gente que antes no se conocía y cómo personas de fuera de la comunidad vienen a pintar a un barrio en el que nunca habían estado. Y, sobre todo, lo que percibimos en seguida es esa emoción compartida de haber contribuido a hacer algo por la comunidad.

¿Cuál es el objetivo final de vuestro trabajo?
Vivimos en un mundo cada vez más individualista, en el que todo lo que no sale en la pantalla de nuestro móvil ya no es nuestro ni nos incumbe. Nosotros creemos que es necesario cambiar esta dinámica, porque es la única manera de mejorar lo común, lo que nos pertenece a todos. Especialmente en las grandes ciudades, tenemos una actitud muy pasiva: estamos acostumbrados a que las instituciones lo hagan todo por nosotros. Pero el simple hecho de que una pared gris pase a ser un mural pintado —y más aún si lo crean los vecinos— es muy significativo. Participar en la creación de una obra colectiva que embellece y mejora el espacio de todos te hace ver, de alguna manera, que puedes cambiar muchas otras cosas, no solo la fachada de tu casa. Al final, Boa Mistura no deja de ser una pequeña chispa para inspirar el cambio: la pintura es una excusa para que la gente, los vecinos, se den cuenta de que, si ponen un poquito de su parte, las cosas se pueden cambiar.

 

Entrevista: Patri Di Filippo
Fotografía: Javi O. Sanmartín