Él se considera un suertudo. Pero ha vivido cosas terribles que ni tú ni yo somos capaces ni de imaginar. Ahora Ousman Umar tiene 30 años. Desde hace seis, dirige una ONG que acerca las nuevas tecnologías a los niños de Ghana y, actualmente, es el coordinador de Proactiva Open Arms en África. Más que activista, se considera emprendedor social, ¡y catalán adoptivo! Ousman llegó a Barcelona el 24 de febrero de 2005 “con una mano delante y otra detrás”. Cuenta que, cuando llevaba más de un mes durmiendo en la calle, una mañana decidió preguntar por la Cruz Roja a una señora que pasaba por allí. “¿Te puedes creer que ahora ella y su marido son mi familia? ¡La verdad es que tuve mucha suerte!”

En realidad mi historia empieza mucho antes… Mi familia en Ghana se dedicaba a la ganadería y la agricultura en un pueblito de 100 habitantes. En mi tribu, los wala, cuando una mujer se muere durante el parto, consideran que el niño es maligno y lo tienen que matar. Y resulta que tuve la mala suerte de que mi madre murió cuando nací. ¿Por qué sigo vivo? Tengo que darle las gracias a mi padre, que era chamán. Él logró que nadie me pusiera las manos encima y me envió a criar con una tía.

 

 

Era un niño curioso. Fabricaba mis propios juguetes. Una vez vi un avión que volaba y aluciné. Averiguar por qué ese objeto hecho por “el hombre blanco” se movía en el cielo y mi coche de juguete no, se convirtió en mi obsesión. Así que a los 9 años me enviaron a la ciudad a aprender chapistería y soldadura. Y luego trabajé en el puerto de la capital, Accra, donde mi curiosidad por conocer al hombre blanco y descubrir cómo hacía todas aquellas maquinarias creció aún más.

A los 13 años emprendí mi viaje a Libia. Me habían dicho que allí tendría un sueldo a final del mes; hasta entonces trabajaba a cambio de un plato de arroz y propinas. Pero el viaje fue literalmente un infierno. Nos estafaron y nos abandonaron en medio del desierto del Sahara. No teníamos agua ni comida. Salimos 46 y, después de 3 semanas, solo 6 llegamos vivos. Es de lo más traumático que he vivido.

Ya en Libia, conseguí ahorrar 1.800 USD después de 4 años de trabajo. Quería llegar al paraíso: Barcelona. Pero volví a caer en manos de la mafia. Cuando no sabes leer ni escribir, es fácil que te engañen… Y lo peor es que en el camino vi morir a Musa, un muy amigo mío…

A los 17 vi que el paraíso no era como lo pintaban. Llegué finalmente a España. Yo pensaba que los blancos eran dioses y que estar con los dioses iba a ser mucho más fácil. Pero luego me di cuenta de que eran personas normales y que si son ingenieros o médicos es simplemente porque han estudiado; el hecho de ser blancos no les otorga inteligencia. Obviamente me di cuenta de la falta de información brutal que hay en mi país y de que esta era la razón principal por la cual la gran mayoría nos embarcamos en un camino sin salida.

Pero las cosas se pueden cambiar. Y la herramienta principal para cambiar cualquier sociedad es la educación. Por eso en el 2012 regresé a Ghana. Pude volver a ver a mi tía antes de que muriera. Y fundé la ONG NASCO Feeding Minds para alimentar las mentes de los niños. A largo plazo, la información y la educación sirven de mucho más que un plato de arroz. Invertí todos mis ahorros en 45 ordenadores. Ahora formamos en nuevas tecnologías a 11.000 niños y niñas, hemos montado 5 escuelas y 1 biblioteca.

Me gustaría que la gente fuera más optimista. El cambio depende de cada uno de nosotros. En este sentido trabajan plataformas como migranodearena.org, apoyada por la Obra Social ”la Caixa”, que conecta personas y empresas comprometidas, con causas sociales que necesitan apoyo. Esta iniciativa demuestra que aún hay esperanza. Que no se necesitan grandes cambios, sino pequeñas acciones. Hay un montón de personas individuales que, con mucha voluntad, luchamos para realizar grandes cambios. Pero esto solo será posible si la sociedad civil nos apoya.

 

Fotografía: Clara de Ramon