La fotógrafa Carla Step sabe bien cómo funciona la creatividad. Creció en una familia de artistas: su madre pintaba prendas de ropa y su padre era compositor, y también daba clases de tango en casa. Por eso, cuando va a trabajar con niños, no suele marcarse un guión, sino que se deja llevar. “Así es como suelen ser ellos, espontáneos, y creo que es la mejor manera de conseguir retratarlos”. Ese día, la fotógrafa tenía la misión de capturar una actividad, que incluía un concierto, para los niños y niñas del programa Invulnerables de ”la Caixa”. Muchos de ellos se habían acercado a los instrumentos para probarlos minutos antes de que empezara. “Recuerdo que cuando vi a esta niña me transmitió instantáneamente esa felicidad que sientes con cualquier cosa nueva cuando eres pequeño. No sé su nombre, ni su edad, ni cuál era su situación, pero su sonrisa hablaba por sí sola”. Un rato después de tomar esta imagen, recuerda sentirse deslumbrada mientras observaba a todos los niños y niñas cantar y bailar la canción que habían compuesto para ellos. “Se respiraba muchísima complicidad. Sin saber sus historias pude entender que disfrutaban mucho de tener la oportunidad de vivir aquella experiencia”.