Tener amigos es algo grandioso. Nadie te obliga a elegir unos u otros. Los amigos se juntan de manera fluida, como el agua de un río. Y su mirada es un espejo, y seguramente el único lugar en el que puedes ser tú de verdad. Con ojeras. En pijama. De mal humor. Un amigo es la libertad total. Hay que cuidarlos, dejar que te cuiden y estar cerca, aunque físicamente estén lejos. El mejor amigo del ilustrador Óscar Llorens se fue a vivir a Nueva Zelanda. “Nuestra relación mejoró gracias a las llamadas, videoconferencias y chistes que nos pasábamos por el teléfono. Es verdad que ninguno de nosotros hizo el gran viaje de cruzarse el planeta entero para estar con el otro, pero la intención de llamarse cada poco y mantener la amistad como si estuviéramos en el mismo lugar fue sin igual. Hablábamos de tonterías, de jugadores de baloncesto, de canciones que acabábamos de escuchar, de los proyectos o lugares que habíamos descubierto... Charlábamos de los mismos temas que cuando estábamos en la misma ciudad”. En realidad, no se trata de hacer viajes épicos llenos de peligros. Hay muchas maneras de reducir distancias con un amigo. Y siempre valen la pena.