Unos miran para allí, otros, para allá. La abuela se está peinando, la madre sonríe pero tiene los ojos cerrados, el padre está diciéndole al niño que mire a la cámara… Las fotos de familia, con sus imperfecciones, son la esencia de una familia. En cada una de ellas, si las examinas con detalle, encuentras las singularidades de cada núcleo familiar. Realmente la foto en sí es secundaria, lo interesante son las relaciones y emociones que se reflejan en ella. “En mi caso”, cuenta el ilustrador Óscar Alonso, “mi hermano siempre sale haciendo el tonto. Es muy divertido cuando te das cuenta de que en la mayoría de fotos estamos todos pendientes de él. En otras se nos ve forzados, como intentando posar para una revista del corazón. No parecemos nosotros. Pero en la mayoría identifico la esencia de mi familia: el número de personas va variando, pero la instantánea siempre cuenta una historia muy bonita que recordar”. Y eso es lo importante, eso es lo que es la familia, eso es lo que queda: las historias que contarán dentro de cien años tus tataranietos mientras pasan las páginas del álbum familiar. “Retratémonos sin maquillaje”, dice Óscar, mostrando nuestros más y nuestros menos. “Esas son nuestras familias de verdad”. Y son siempre las mejores que nos han podido tocar.