“A veces me sorprendo recordando momentos muy concretos de mis días en la escuela”, cuenta la ilustradora Bea Salas. “Esto me demuestra lo crucial que es poder absorber como esponjas durante esos primeros años. Ir a la escuela no es solo tener acceso a un aula. También es poder disfrutar del aire libre, de una alimentación saludable, de nuevas experiencias y, sobre todo, de aprender jugando.” Para Bea, la educación que merecemos todos sin excepción es aquella que invita a probar, mancharse y experimentar. Aquella que nos acerca día tras día, cuaderno tras pilla-pilla, a todo lo que podemos llegar a ser. Porque la pobreza termina cuando empieza la educación. Y eso es precisamente lo que defiende el programa CaixaProinfancia desde hace 10 años: que todos los niños y niñas tienen derecho a sacar lo mejor de sí mismos.