Hombres. Mujeres. De aquí o de allí. Jóvenes y mayores. Nadie es más o menos que nadie. Y nadie debería sentirse así. La educación, los años y un poco de perspectiva nos hacen entenderlo. Y este es el mensaje que la ilustradora Marina Esmeraldo quiere transmitirnos en el Día de la Cero Discriminación: “Mis padres siempre me han enseñado a pensar que podía hacer lo que quisiera y que todos somos iguales. Al crecer y aprender a ver más allá de mi burbuja de privilegio, vi la desigualdad y la intolerancia de nuestro mundo. Entendí que el racismo y los prejuicios son sistémicos. Así que es imprescindible que nos demos cuenta de este privilegio que tenemos algunos y que ayudemos a las minorías dándoles voz y oportunidades, hablando en vez de callarnos cuando presenciamos la intolerancia y dando siempre un buen ejemplo nosotros mismos. Porque todos somos humanos y tenemos el superpoder de mirar a la gente de nuestro entorno desde la empatía y la tolerancia”.