El trastorno del espectro autista (TEA) es como una huella dactilar. No hay dos personas con autismo iguales y, de la misma forma, no todas tienen los mismos talentos ni las mismas capacidades de comunicación e interacción social. El hecho de no llevar asociado un rasgo físico distintivo muchas veces convierte este trastorno en una discapacidad invisible, aunque la prevalencia en Europa sea de un caso de cada 100 nacimientos y en España haya unas 450.000 personas diagnosticadas. “Es un trastorno mucho más común de lo que parece y hay que visibilizarlo. Se necesita más comprensión, más información y más historias normalizadas”, comenta el ilustrador Óscar Alonso. “Una buena amiga que trabaja con niños con autismo me contó su experiencia y es increíble lo confundido que estaba sobre el tema. No es que las personas con autismo no tengan capacidad para comunicarse, es que lo hacen de forma diferente; a través de la música o de pictogramas, por ejemplo. Porque aunque la mayoría utilicemos las palabras, en realidad hay infinitas formas de comunicarse y compartir experiencias”.