Cuando las escuelas abren sus puertas a las futuras generaciones de estudiantes, la ciudad se llena de cartelitos de jornadas de puertas abiertas. ¿Y si estos carteles fueran dirigidos a los refugiados? Esta reflexión es la que se hace el ilustrador Dalmaus en un día como hoy. “Abrir la puerta de tu casa es el gesto de hospitalidad más sencillo que existe, y una forma de terminar con el calvario de miles de refugiados”, cuenta. Todos sabemos lo crítica que es la situación, y la respuesta internacional no está a la altura. “Los refugiados no piden refugio por capricho. Huyen de sus casas forzados por el hambre o por la violencia, y lo mínimo que podemos hacer es abrirles nuestras puertas. Ayudarlos. Demostrar que somos personas humanas. En realidad, si un refugiado no tiene refugio, ¿qué es, entonces?”