Dime de qué trabajas y te diré cómo eres. El trabajo es identidad. Es seguridad. Es satisfacción personal. Nuestros empleos nos permiten ser más autónomos. Nos permiten soñar con proyectos de vida: desde tener hijos hasta dar la vuelta al mundo o montar una banda de música chiptunes tropical. Allá tú. Lo que está claro es que tener un trabajo digno y de calidad es positivo para ti, para mí y para cualquiera. Pero todavía lo es más para las personas con problemas de salud mental. Porque para todas ellas el trabajo es, además, un vehículo para normalizar su situación. Una herramienta para sentirse parte activa de la sociedad. Y una pértiga para su recuperación. “En este contexto, lo más importante no es el trabajo en sí, sino el abanico de posibilidades que abre”, dice el ilustrador Alexis Bukowski. “Yo mismo he sufrido ansiedad, una condición muy común pero que aún hoy está rodeada de misterio y prejuicios, cuando en realidad los problemas de salud mental se deberían abordar con la misma naturalidad que un resfriado”. Porque, para muchos, abrir la puerta del trabajo cada día significa un mundo entero.